En la mañana de ayer decía Javier Grullón en su cuenta de Twitter (@JavierGrullon) que los nervios estaban a mil, nosotros le respondimos que la ausencia de nervios es ausencia de pasión. Y al parecer si había muchos nervios, porque lo que se transmitió en el escenario por parte de todo el elenco de West Side Story fue mucha pasión.
Apenas sonaban las primeras notas el telón subía para revelarnos un barrio cualquiera de New York, en él se presentaban la pandilla de los Jets y claramente nos mostraban su rivalidad con los Tiburones adentrándonos en la historia.
Basado en “Romeo & Julieta” este musical aboga por la paz mostrando lo que la violencia y el odio son capaces de hacer. El montaje logra con buen ritmo captar la atención del público; en los primeros cinco minutos se desarrolla una gran pelea entre los Jets y los Tiburones, unas escenas más tarde se conocen Tony y María y en sólo una canción nos convencen de su amor incondicional y al final del primer acto la primera de las tragedias asoma la cabeza para dejar al auditorio pasmado.
Una coreografía original del maestro Jerome Robbins es respetada casi al 100% por el maestro Carlos Veitía que se toma algunos permisos estéticos para presentar un trabajo muy bien acabado sobretodo en los movimientos de los puertorriqueños. Este juego coreográfico conocido como Jazz Lírico exige ligereza, precisión y estilo, condiciones que el elenco, en especial las pandillas, logran a la perfección. John Ortíz, Javier Grullón, Jorge de los Santos, Daniel Mejía, Lester Feliz, José Ozuna y el primer bailarín Maikel Acosta se destacan en su ejecución.
A nivel vocal las canciones de West Side Story exigen mucho de sus intérpretes; el tono, el tiempo y el estilo musical son complicados. Pero, los responsables en esta ocasión cumplen a cabalidad con su cometido, Laura Angelina y Eddy Manuel poseen un dominio completo de sus voces y los colores y matices que proyectan arrancan grandes aplausos del público. Angelina resulta muy convincente como María, enamorando con la inocencia y sencillez que caracteriza al personaje. Eddy Manuel por su parte es un buen “Romeo” valiente y apasionado, sus escenas con Miguel Lendor, quién hace de Doc con una interpretación magistral, resultan conmovedoras y creíbles. En los momentos que comparte con Laura Angelina algunas frases resultan un poco livianas, no obstante con su voz y carisma compensa obteniendo empatía por parte del público. Momentos claves de ambos son las interpretaciones que realizan de: “Algo vendrá” dónde Eddy Manuel cautiva y se lleva la ovación del público, “La noche, hoy” en la que ambos en pocos minutos transmiten un caudal de emociones y “Hay un lugar” con la cual logran incluso algunas lágrimas de los asistentes.
Por otro lado Ivanova Rodríguez asume el rol de Anita, personaje que ha pertenecido a estrellas como Chita Rivera y Karen Olivo, y logra defenderlo con garra y entereza. Su actuación es fuerte, fluida y pícara tal como el personaje lo demanda. Sus mejores momentos los alcanza en las canciones “América” y “Un hombre así” donde hace gala de su voz e histrionismo.
Javier Grullón es un camaleón, heredó de su padre el talento y se ha encargado de perfeccionarlo y pulirlo. Su interpretación de Riff resulta real e incluso empática, sus movimiento coreográficos muestran su dominio del estilo y las interpretaciones de “Canción de los Jets” y “Cool” son testimonios de que su voz además de ser agradable tiene la capacidad de adaptarse al personaje y sus requerimientos.
Por último, John Ortíz encarna a un Bernardo con estilo, asume la coreografía de Robbins a la perfección y tiene buena química con su co-protagonista, Ivanova Rodríguez, sacando unas cuantas risas de los presentes con la picardía de ambos.
En la parte técnica todos los detalles están muy bien cuidados, la dirección musical del maestro Amaury Sánchez no tiene desperdicios, la escenografía de Fidel López transporta al NY de los 60’s y sus transiciones son fluidas. Las luces de Bienvenido Miranda y Enmanuel Ferry son el complemento perfecto a la escenografía de López como siempre sucede en las colaboraciones de los tres. El vestuario de Adolfina Lluberes es acertado y sencillo. El sonido de Sorribas tuvo unos cuantos inconvenientes que fueron casi imperceptibles. Y la dirección teatral de Bienvenido Miranda mantuvo el montaje fresco, movido y convincente.
West Side Story resulta ser una producción a la altura de sus antecesoras, merecedora del apoyo y el respeto del público y que tal como comentaba anoche la productora y actriz Nuryn Sanlley despierta el deseo de que las empresas dominicanas apoyen con más fuerza el teatro y la cultura que tanto lo necesita.
West Side Story es un viaje de dos horas y media a emociones complejas como el amor y la pasión que no se olvidará nunca y dará mucho de qué hablar.









